Red de Evangelización vicentina.
LECTURAS, LECTIO DIVINA Y REFLEXIÓN DE LA PALABRA DE DIOS DE TODOS LOS DÍAS
El 6 de noviembre, la Iglesia conmemora a 60 valientes testigos de la fe, quienes entregaron su vida por Cristo y pertenecían a la familia vicentina. Este grupo incluye a:
Todos ellos fueron martirizados durante la persecución religiosa que tuvo lugar en España entre 1936 y 1939, en un contexto de gran agitación social y política. La beatificación de estos mártires se llevó a cabo en el marco del 400 aniversario del inicio del carisma vicenciano en la Iglesia, un momento significativo para recordar su legado.
San Vicente de Paúl, a través de sus experiencias transformadoras en Folleville y Châtillon, entendió la imperante necesidad de la misión y la caridad. Estos principios se convirtieron en los pilares que guiarían a la familia vicentina hacia su plenitud y santidad. En este contexto, el valiente testimonio de los nuevos mártires se convierte en un faro de esperanza. Ellos, con serenidad, confesaron su fe en Jesucristo Resucitado y defendieron los valores del Evangelio, incluso llegando a perdonar a sus verdugos, imitando así a Cristo en su acto supremo de amor. Como bien decía nuestro fundador: “No hay ningún acto de amor más grande que el martirio”.
El sacrificio de estos 60 vicencianos es un don y un ejemplo que nos invita a ser fieles. Las palabras del Evangelio nos recuerdan: “Dichosos vosotros cuando os insulten, os persigan y os calumnien por causa mía. Estad alegres y contentos, porque Dios os dará una gran recompensa” (Mt 5, 11-12). En un mundo donde predominan los caprichos y la búsqueda de bienestar a cualquier precio, el testimonio de estos mártires resuena como un llamado a la entrega total a Dios y al servicio a los demás, incluso hasta las últimas consecuencias. Es evidente que el testimonio martirial no es fruto de la casualidad; es el resultado de una vida dedicada al Evangelio. En otras palabras, el martirio es la manifestación más pura de la fidelidad constante, un acto heroico que emana de personalidades fuertes y cristianos coherentes.
Es poco probable que muchos de nosotros enfrentemos el martirio en su forma más extrema. Hoy, las persecuciones suelen ser “más civilizadas”. Sin embargo, todos estamos llamados a cultivar y fortalecer nuestra fidelidad, un valor esencial en la base de todo martirio. Esta fidelidad, entendida de manera dinámica, es lo que mantendrá viva nuestra vocación como evangelizadores y servidores de los pobres.
Los nuevos mártires nos inspiran a crecer en una “fidelidad creativa”. Ojalá seamos capaces de desplegar nuestra vocación de manera innovadora en un mundo marcado por la incredulidad y el sufrimiento de millones. Este compromiso diario es lo que la Iglesia y el mundo esperan de nosotros como vicencianos. San Vicente aconsejaba a sus misioneros: “Cuide bien su pobre vida; conténtese con ir gastándola poco a poco en el amor divino; no es suya sino del autor de la vida, y por su amor debe conservarla hasta que se la pida, a menos que surja la ocasión de entregarla, como ese buen sacerdote de ochenta años que fue martirizado en Inglaterra con un sufrimiento atroz” (SVP II, 156).
Como San Vicente, creemos firmemente que la familia vicentina no se debilita ante la muerte violenta de algunos de sus miembros. Por el contrario, la historia de la Iglesia nos muestra que el sufrimiento de los mártires es una semilla que da vida. Tertuliano lo expresó claramente en el siglo II: “La sangre de los mártires es semilla de cristianos”. La Iglesia ha crecido gracias al testimonio silencioso de sus santos mártires, y nuestra familia vicentina no es la excepción. “Por cada uno que muere como mártir, vendrán muchos otros; su sangre será una semilla que producirá abundantes frutos” (SVP IX, 1089).
Durante la persecución religiosa en España (1936-1939), muchos miembros de la familia vicentina fueron martirizados: 586 de la Sociedad de San Vicente de Paúl, 69 de la Asociación de la Medalla Milagrosa, 56 misioneros de la Congregación de la Misión, 29 Hijas de la Caridad y 11 Hijos e Hijas de María.
La Iglesia ha beatificado a 102 mártires, que incluyen a 54 Misioneros de la C.M., 29 Hijas de la Caridad, 13 de la Asociación de la Medalla Milagrosa, 5 sacerdotes diocesanos y 1 Hija de María.
Misioneros de la Congregación de la Misión (C.M.):
Hijas de la Caridad:
Hija de María:
Misioneros de la Congregación de la Misión (C.M.):
Laicos:
Mártires de Barcelona:
Mártires de Figueras:
Mártires de Valencia:
Mártir de Silla:
Mártires de Totana:
Mártires de Cartagena:
Mártir de Jumilla:
Mártir de Archena:
Los mártires de la familia vicentina nos invitan a ser testigos firmes de la fe en nuestro mundo. Pidamos su intercesión, valentía y fortaleza para continuar nuestro camino de entrega y servicio, llevando la luz del Evangelio a quienes más lo necesitan.
Versículo del Día
«El Señor es mi pastor, nada me falta.» – Salmo 23,1