La música es un puente entre la fe y la misión. En este espíritu nace “Vicentino Soy”, un himno vocacional que expresa el carisma de San Vicente de Paúl y la entrega generosa de quienes han respondido al llamado de Dios en la Congregación de la Misión.
La letra de esta canción ha sido escrita por el Padre Andrés Felipe Rojas Saavedra, CM, quien, inspirado en la espiritualidad vicentina, ha plasmado en cada verso el llamado a la entrega y el servicio. La edición y producción musical han estado a cargo de Corazón de Paúl, con el propósito de brindar una pieza que motive a vivir con fidelidad los votos de castidad, pobreza, obediencia y estabilidad, pilares fundamentales de la vocación vicentina.
Cada estrofa de “Vicentino Soy” resalta un compromiso esencial de la vida misionera:
• La pobreza, como signo de confianza en la Providencia y de cercanía con los más necesitados.
• La castidad, vivida en plenitud como entrega a Dios y a los hermanos.
• La obediencia, expresión de disponibilidad y servicio en la misión.
• La estabilidad, fidelidad al compromiso de evangelizar a los pobres dentro de la Congregación de la Misión.
El coro resuena como una declaración de identidad y misión: “Vicentino soy, seguidor de Jesús”, recordando que el servicio a los pobres es el camino privilegiado para encontrar a Cristo y dar testimonio de su amor infinito.
En su producción musical, Corazón de Paúl ha optado por un estilo huayno andino, característico por su ritmo en 6/8 y el uso de instrumentos tradicionales como el charango, la guitarra acústica, la zampoña y la percusión (bombo y chajchas). Esta fusión dota a la canción de una energía especial, conectando la espiritualidad con la riqueza cultural de los pueblos latinoamericanos.
Más que una simple composición, “Vicentino Soy” es un canto de entrega y perseverancia. Es una invitación para los jóvenes en búsqueda de su vocación, para las comunidades que celebran su identidad vicentina y para todos aquellos que desean renovar su compromiso con el servicio a los pobres.
Desde Corazón de Paúl, esta producción musical busca inspirar, animar y fortalecer el camino vocacional de quienes sienten el llamado a seguir a Cristo en la espiritualidad de San Vicente de Paúl.
¡Que este himno resuene en nuestras comunidades y en nuestros corazones, avivando el fuego del carisma vicentino!
Versión 1:
Versión 2:
Letra:
Verso 1:
Voy llevando el Evangelio, luz de gracia y redención,
a cada pueblo y camino, con fervor en el corazón.
Anunciando la esperanza, las promesas del Señor.
Coro:
¡Vicentino soy, seguidor de Jesús!
De San Vicente aprendí,
que el amor no tiene límites,
que servir es dar la vida,
y el pobre es rostro de Dios.
Verso 2:
Siguiendo a Cristo en la senda, sin riquezas ni temor,
con las manos siempre abiertas, fieles a su gran misión.
Él nos llama, Él nos guía, nos sostiene en su amor.
Coro:
¡Vicentino soy, seguidor de Jesús!
De San Vicente aprendí,
que el amor no tiene límites,
que servir es dar la vida,
y el pobre es rostro de Dios.
Verso 3:
En mi alma hay esperanza, hay entrega y vocación,
mi existencia se convierte en ofrenda y bendición.
Que mi vida sea un reflejo del amor del Redentor.
Coro:
¡Vicentino soy, seguidor de Jesús!
De San Vicente aprendí,
que el amor no tiene límites,
que servir es dar la vida,
y el pobre es rostro de Dios.
Verso 4:
Con pureza y con entrega, con un corazón leal,
Dios será nuestra confianza, nuestra fuerza sin final.
A su voz hoy respondemos con un “sí” incondicional.
Coro:
¡Vicentino soy, seguidor de Jesús!
De San Vicente aprendí,
que el amor no tiene límites,
que servir es dar la vida,
y el pobre es rostro de Dios.
Verso 5:
Obedientes, humildes, fieles, como Cristo en la cruz,
nos donamos sin medida por su gloria y su virtud.
Que su ejemplo sea el fuego que nos lleve hasta la luz.
Coro final:
¡Vicentino soy, seguidor de Jesús!
De San Vicente aprendí,
que el amor no tiene límites,
que servir es dar la vida,
y el pobre es rostro de Dios.