Por: Andrés Felipe Rojas, CM

Un día como hoy, 12 de mayo, por el Papa León XIII, San Vicente fue declarado patrono universal de las Obras de Caridad.

En el año de 1883, la Sociedad de San Vicente de Paúl cumplía 50 años de fundación (1833). Luego de un riguroso estudio y de la petición de 393 Obispos y 5 superiores generales, para que se nombrará a San Vicente patrono de las obras de Caridad.

Me di a la vertiginosa tarea de buscar los documentos de dicha proclamación, encontré todo en un libro de 1885 de un grupo de Sacerdotes Vicentinos que dedican la obra al Arzobispo de Manila Pedro Payo, porque fue uno de los arzobispos, que hicieron formalmente dicha petición ante la Santa Sede (Desde 1862 los vicentinos llegaron a Filipinas)

Me permito compartir dichos documentos tan interesantes:

URBIS ET ORBIS

Relación, que el Cardenal Laurenzi hizo a la Congregación general el 28 de Marzo de 1885, sobre el conceder el Patronato de las obras de Caridad a S. Vicente de Paúl.

Por el Breve: Cristianos heroas del 22 de junio de 1883 dado para todo el territorio de Francia y que muy luego se entendió a todas las diócesis de Irlanda por decreto de la Sagrada Congregación del 23 de diciembre de 1884, el actual Soberano Pontífice León XIII, con ocasión del quinquagésimo aniversario de las «Conferencias seglares.» concedió a lo que ahora de nuevo se pide en las súplicas hechas por trescientos noventa y tres venerables Obispos y Prelados de la Santa Iglesia y por cinco Superiores generales de algunas Congregaciones religiosas; esto es: el que S. Vicente de Paul sea declarado Patrón universal de todas las instituciones católicas de caridad, que de él proceden.

Y ahora pues se trata de hacer extensivo a todo el orbe católico este honroso Patronato.
Mas al primer golpe de vista podría ocurrirle a alguno esta objeción nacida de ciertas preocupaciones: ¿Por qué pretender ahora en nuestros días honrar con el titulo de Patrón universal de los establecimientos y obras de caridad a un santo de estos últimos tiempos y que además no hace todavía siglo y medio siquiera que fue canonizado:?
¿siendo así que la Iglesia Católica ha venerado siempre y venera ahora en los altares a tantos otros héroes del cristianismo que son no menos ilustres que él, más antiguos y sobremanera célebres por el ejercicio de la caridad cristiana y que además prestaron muchos y grandes servicios a la sociedad religiosa y civil por medio de sus obras durante la vida y aún después de su muerte por medio de sus sabias y benéficas instituciones?

Para responder satisfactoriamente a esta dificultad, al relator lo parece que no debe entablar comparación alguna entre tantos y tan gloriosos santos como en la Iglesia de Dios se distinguieron en el ejercicio y práctica de las obras de misericordia, sino que le basta exponer brevemente y con claridad las señales propias y características de la caridad de San Vicente de Paúl tal cual él la practicó y extendió en los demás. Seis encuentro yo ser estas señales, que retratan perfectamente la caridad de nuestro Santo; señales, que, si separadas la distinguen, unidas y en conjunto, Le dán un tinte y la revisten de un carácter especial y distintivo reconocido ya por la Iglesia y hasta por el mismo mundo. Veamoslas:

1.* El «arle admirable,» que él tenia y que trasmitió como herencia a sus discípulos e imprimió como un sello en sus instituciones, el arte de emplear y hacer servir las obras de caridad exteriores y corporales para ganar las almas a Dios, alejarlas del mal y moralizar así por este medio la sociedad Entera:
«Servus Dei,» (son palabras de Clemente XII en la Bula de la Canonización Superna Ilierusalem del 16 de Junio de 1737).

«Servus Dei perfecta ardcns chnritate, et anim is ot corporibus ubvertiré ac benefaccrc satagebat, agebatque quantum poterat ut proxim us salvus corpuic sulvusque animo esssl, ita tumun ut omnem corporum curam ad salutem animarum , de qua potissim a debet esse sotlLcitudo, refferret.»

2.* La «multitud» verdaderamente prodigiosa de las obras de caridad a que se aplicó y a las cuales comunicó la vida proponiéndose siempre en ellas estos dos objetos: ayudar al prójimo en toda clase de necesidades temporales y con esto hacerle mejor en cuanto a la religión y a la moral. Si; porque célebres son en los fastos de la historia de la Iglesia por sus grandiosas empresas y por los frutos saludables que han producido, las asociaciones, que fundó y también las que reformó. Los Sacerdotes de la Misión para la educación y reforma del clero y para evangelizar a los pobres, a los ignorantes, y a los aldeanos: Las Hijas de la Caridad para servir a toda clase de enfermos, recoger los niños expósitos y cuidar de ellos como también de los ancianos y asistir a los desgraciados de todas clases: Las Damas de la Caridad para las ciudades: Las Hermanas de la Caridad para las aldeas y destinadas a la asistencia de los hospitales públicos y al socorro de los enfermos pobres y también a domicilio en cada parroquia; y Las Hermanas de la Cruz; de la Providencia; y de Santa Genoveva para la educación e instrucción de las niñas pobres, de las jóvenes, que se hallan en peligro y también para las abandonadas de los suyos.
Además: admirable es y digna de memoria la fundación de tantos hospicios y asilos como con inaudita presteza y orden maravilloso llegó a establecer y organizar para los expósitos, los esclavos, los dementes, los incorregibles, los forzados, los arrepentidos, los artesanos, que en su oficio quedaron inválidos, los peregrinos y marineros… de manera que la Iglesia ha podido, bien fundada, formar del Santo este admirable y digno elogio:

«.Vullum fuit calamitatis genus, cui (Vincentius) paterno non ocurrerit.» (Ofic. de S. Vicent. lee. 3 del 2 noct.) Y el Papa Clemente XII en la Bula de la canonización del Santo había ya dicho con mucha razón:

«Servus Dei Vincentius… erat veluti omniurn egentium et miserorum perfugium et cujusuis generis pauperes, erogatis etiam nonunquam quae sibi suisque missionum sociis videbantur necessaria, ila largis sublevabat eleemosynis, ut communiter pauperum Pater nuncuparetur.»

3.* Otra prerrogativa característica, que resalta en S. Vicente de Paúl, es el haber sido no solo un ferviente y activo «fundador» sino también un gran «maestro» y «legislador» sagaz en las obras de caridad y especialmente en el arte e industria con que hizo y enseñó a hacer que las obras de misericordia corporales cediesen siempre en bien para la salvación de las almas. Échase esto de ver principalmente en las sabias prescripciones, que en las reglas dio a sus discípulos y súbditos de la Misión y a sus Hijas de la Caridad, como también en los sabios reglamentos y bien pensados estatutos, con que creó o reformó muchos asilos y establecimientos de Caridad, principalmente en París.

Este exquisito tacto y divina ciencia, que descubría S. Vicente en el ejercicio de la Candad, y con los que sabía reglar tan bien todas las cosas, se manifiestan y resplandecen aún más todavía en la elección de los medios de que se valió para ejercitarla. Porque, a la verdad, supo poner consuma y extraordinaria sagacidad y perspicacia las obras exteriores y heroicos de caridad cristiana frente a frente del corrompido e incrédulo mundo, el cual con toda su decantada filantropía filosófica nunca pudo llegar a ejecutar ni aun siquiera la menor de todas ellas.

Resplandecen en la gran sabiduría, santa industria y profunda discreción con que supo hallar el secreto de llamar y asociar acertadamente a si para el ejercicio público de esta caridad a las mismas personas del mundo de ambos sexos y de todas las condiciones y esto por medio de cofradías en las parroquias, y de otras numerosas y piadosas asociaciones destinadas a difundir por todas partes los beneficios de la caridad evangélica. Y resplandecen también en haber, por medio de ejercicios y enseñanzas oportunas, provisto de abundantes y eficacisimos medios de santificación propia y personal a todos aquellos que militan bajo su bandera y enseña y se ocupan en las obras de caridad en medio del mundo y que rozándose por lo tanto por necesidad con personas viciosas, no participan sin embargo de sus vicios, antes bien delante de Dios tienen el mérito de las buenas obras, no se manchan con el fango del mundo y ni aspiran siquiera el hálito del vicio.

4.* Hay que reconocer en cuarto lugar como nota característica e inherente a las instituciones de S. Vicente su «propagación» que ha sido tan rápida y extraordinaria que hoy día no hay país por lejano y salvaje que sea en donde no sea ya conocido el nombre del Santo y en donde no hayan penetrado por medio de sus animosos misioneros y generosas Hijas de la Caridad, las benéficas influencias de la virtud eminentemente cristiana… la caridad.

5.* Hallamos también una propiedad característica de ese gran apóstol de la caridad en la «Fecundidad» y virtud difusiva de su espíritu. La Bula de la canonización hace de él este magnífico elogio:

«Et quoniam charitas mensuram non habet, servi Dei virtus Galliarum terminis restricta non est… In remotis provinciis a nimarum salutem expetens, corporarum etiam egestatibus consulere non omittebat, ut per temporalia susidia carnales homines ad deum attraheret.»

Todas las instituciones, que tuvieron su nacimiento después de él y que de algún modo se dedicaron en el mundo a ejercer las obras de caridad todas, todas han sido modeladas por su espíritu y luminosos ejemplos prácticos de esta virtud; y muchas de ellas pusiéronse desde luego bajo su invocación y celestial patrocinio, porque en las grandes obras y ejercicios prácticos de pública caridad lo reconocían como legislador y excelente modelo. Difícil seria enumerar todas las asociaciones de beneficencia que han brotado de esa abundosa y fecundísima fuente, de las cuales se enorgullece hoy nuestra época y a las que los enemigos mismos de la Iglesia vénse como forzados de rendir un tributo de admiración; pues que con frecuencia lléganse pacíficos a pedirles los servicios más penosos principalmente en Ios tiempos en que arrecian las calamidades. Citaremos entre otras; las Hermanas hospitalarias de la Caridad, las Hermanas de la Providencia; las Hermanas de la Compasión; las Hermanas de S. Vicente; los Sacerdotes de S. Vicente; los Hermanos de la Misericordia etc.

Mas no podemos pasar adelante sin recordar aquí con especial cuidado esa incomparable institución de «las Conferencias laicas,» que han tomado el nombre de S. Vicente de Paul. Humilde en su nacer fue fundada en París el año 1833 por el ilustre Ozanam; dos Soberanos Pontífices, a saber: Gregorio XVI y Pió IX la recomendaron encarecidamente y enriquecieron con excelentes gracias espirituales; en pocos años se multiplicó de una manera prodigiosa y se extendió hasta los países más remotos donde hay creencias cristianas. Sus valerosos socios se penetraron desde luego del espíritu de S. Vicente su ilustre maestro aprendieron sus máximas, y comenzaron a ejercitarse en sus santas industrias para así difundir los beneficios de la caridad cristiana y hacer que pendrasen en todas las casas y cabañas de los que sufren; se multiplicasen en provecho de todas las clases pobres y con esto servir de un modo admirable al bienestar moral de aquellos que los reciben y de aquí el restaurar la sociedad civil. Sobre este excelente molde sin duda se han formado esos generosos Sacerdotes, que acaban de aunarse en París en «Conferencia eclesiástica» con el nombre de S. Vicente y bajo su patrocinio para consagrarse enteramente al servicio y socorro de las clases obreras expuestas hoy a tantos peligros.

6.* Debe por último reconocerse como carácter especial (y muy de estimar en estos tiempos) de las enseñanzas de S. Vicente, «la virtud» saludable y «preservativa.» que sus ejemplos e instituciones encierran contra el contagio de las sectas subversivas; puede aún afirmarse que son, no solo un antídoto contra ellas, sino también un poderoso correctivo contra los estragos que ya han causado. Así es que las hallamos entre las obras recomendadas por el Sumo Pontífice Leon XIII en su sapientísima Encíclica: Humanun genus, de secta massonum del 20 de Abril de 1884. En efecto la caridad cristiana practicada según el espíritu de S. Vicente con sencillez llena de suavidad, amor de ternura hacia lodos y grande y liberal largueza en las miserias y calamidades, aunando y estrechando en caritativa comunicación y amor cristiano a las clases acomodadas con las pebres, a la riqueza con la pobreza, atendiendo siempre a que por el socorro temporal mejoren en el espíritu, y por tan Lo derramando sobre su infortunio el suave bálsamo de la religión, y con la enseñanza del catecismo haciendo gustar las ventajas de la piedad cristiana y saborear los frutos de la evangélica caridad; todo esto, digo, pertrecha, defiende y preserva a los sencillos e ignorantes de caer en los lazos y seducciones de las sociedades antireligiosas y antisociales y facilita la conversión a los que han tenido ya la desgracia de caer en sus redes.

¡Ah empresa difícil, pero llena de vida, y necesaria en nuestros días, para con ella oponer un dique a los ocultos manejos y conspiraciones perversas de dichas sectas, que tienden nada menos que a trastornar en todas partes la base del orden religioso y social!

Si, las numerosas y florecientes Asociaciones, que del glorioso y Santo Patrón S. Vicente traen origen, trabajan hoy con fatiga y sin descanso bajo sus auspicios en esas tan importantes empresas, valiéndose en sus trabajos de santas y suaves industrias para ejecutar el bien. Encierran en sí además estas Asociaciones una singular preciosidad, que las hace
estimables y dignas de honor en la Iglesia de Dios, a saber: el que con las obras fecundas de su caridad hacen resplandecer en todo el brillo a los ojos de los infieles, de los ignorantes y aún hasta de los enemigos mismos de la Iglesia la divina virtud y superioridad de la Religión Católica, allí precisamente donde se encuentra en medio de propagandas heterodoxas y ele libre-pensadores, aunque estos sean más poderosos por la protección de los Gobiernos y grandes recursos temporales de que disponen.

El relator, pues, creo que la súplica dirigida hoy al Padre Santo, súplica acompañada de los votos de tantos y tan ilustres Prelados testigos, y a la vez cooperadores de los frutos maravillosos, que producen en todas las partes del mundo cristiano las caritativas instituciones de San Vicente, está apoyada en justísimas razones para que se la acoja favorablemente: primero por razón de las prerrogativas arriba indicadas, que brillan y resplandecen en las obras y Asociaciones de ese ilustre Apóstol de la Caridad; segundo para dar a esas mismas obras y piadosas Asociaciones mayor desarrollo y crecimiento; y por último para, mover y empujar a mayores empresas a sus infatigables Hijos y beneméritas Hijas como también a las demás Asociaciones que marchando juntas con ellos en el trabajo sobre las huellas del Santo, y bajo su celestial patrocinio, trabajan sin cesar contra la corrupción del siglo, en la salvación del prójimo, con tanto fruto para las almas como gloria para la Iglesia Católica.

Por esto, expuesto con sumisión su modo de pensar, cree el relator que si así place a la Santa Congregación, puede responderse a la súplica con la formula acostumbrada: Consulendum Sanctissimo pro gratia, si ila.

Carlos Laurenzi, Cardenal
Relator.

DECRETO
DE LA SAGRADA CONGREGACIÓN DE RITOS.

Dos años hace que a instancias tanto de los socios de las Conferencias de S. Vicente, con ocasion de cumplirse el quinquagesimo año de su fundación en Paris, como de los reverendísimos Prelados de las diócesis del territorio Francés, el Santo Papa León XIII con su autoridad apostólica declaró e instituyó a San Vicente de Paul como especial Patrón para con Dios de todas las asociaciones de caridad de toda la Francia y que de algún modo tuvieren su origen del Santo; y esto con dos fines: el primero de dar nuevo empuje, avivar y promover con vigor y energía las obras o instituciones de caridad que se originan de S. Vicente, y el segundo con el de que vayan en aumentó de día en día la gloria y respeto debidos a tan gran padre y maestro de caridad.

Gran número de Cardenales de la San la Iglesia de Roma, los obispos de casi todas las partes del mundo y muchos superiores generales de las órdenes regulares con humildes súplicas pidieron encarecidamente al Sumo Pontífice el que este decreto, que va el año anterior estaba dado para las diócesis de Irlanda, se hiciese también ostensivo a. todas las asociaciones y obras de igual clase de todo el orbe católico. Recibiendo bien al Santo Papa estas humildes preces, las remitió a los eminentísimos y reverendísimos Cardenales de la sagrada Congregación de Ritos para que expusiesen su parecer en ese asunto. La sagrada Congregación en junta ordinaria habida en el Vaticano el día 28 de marzo de 1885, después de referido el caso por el eminentísimo y reverendísimo Cardenal Carlos Laurenzi, oído al R.P.D. Agustín Caprara, Promotor de la Santa Fe y pensadas con maduro examen todas las razones, respondió a la petición hecha por tan gran número de ilustres prelados con la formula acostumbrada por la Congregación en estos casos, a saber: Consulendum Sanctisimo pro gratia. Y habiendo después el infrascripto Secretario expuesto fielmente a nuestro Santísimo Padre las razones y resultado de la Congregación, Su Santidad se dignó aprobar y confirmar en todas sus partes el parecer de la sagrada Congregación, y así declaró e instituyó a S. Vicente de Paúl como especial «patrón» para con Dios, y con todos los honores de tal, «de todas las asociaciones de caridad» que hubiere en todo el orbe católico y que de algún modo provienen de él y mandó que sobre esto se expidiese Letras apostólicas en forma de Breve.

Día 16 de abril del mismo año 1885.

D. Cardenal Barolini,
Prefecto de la S.C. de R.

Lorenzo Salvati,
Secretario de la S.C. de R.

BREVE DE LEÓN XIII

Para perpetua memoria. Entre los muchos preceptos que Jesucristo nuestro Salvador impuso los hombres para que con seguridad consiguiesen la bienaventuranza eterna uno es, en el que principalmente y con particularidad no cesó nunca de insistir a saber: en que cada uno amase a su prójimo como a sí mismo. Y El, que es la misma caridad, nos enseñó que esta virtud es como el fundamento, que sostiene y al mismo tiempo encierra todo cuanto m arca la ley, como también que es la nota propia y característica con que deben ser conocidos los verdaderos cristianos de los que no lo son. No es pues extraño que esta excusa y preclara virtud, cuyo carácter es mirar más bien por los otros que por sí, virtud principio y base de las demás, posase de arraigarse de un modo profundo en el corazón principalmente de aquellos, que, siguiendo de cerca las huellas del divino Maestro, con fervor emprendieron el camino de la perfección cristiana y tendieron con ansia caminando hasta conseguir lo heroico y sublime de las virtudes.

A fines del siglo décimo sexto, entre estos, despedía admirables resplandores S. Vicente de Paúl, aquel grande, vivo y perpetuo ejemplar de caridad cristiana, que brilló sobremanera en el ejercicio y práctica de esta soberana virtud. porque, a la verdad, casi no hubo calamidad ni desgracia, que no socorriese ni ímprobo trabajo ni dura fatiga, que de buena gana no abrazase para atender así al socorro y alivio del prójimo (….) sino que más bien, dividiéndose después en varios y distintos arroyuelos, corre, siempre en aumento, regando copiosamente y fertilizando la Iglesia; pues que este varón eminente en santidad no se contentó con correr él solo tras la hermosa virtud de la caridad: atrajo también a muchos a que le imitasen reuniendo y congregando a unos para que llevasen una vida religiosa y santa bajo severa y constante disciplina y a otros uniéndolos en piadosas asociaciones por él establecidas con leyes y reglamentos llenos de profundo saber y alta y penetradora prudencia. Cuántos y cuán saludables sean los frutos que la sociedad todos los días recibe de estas Congregaciones echase de ver fácilmente al considerar que, no llevaban todavía dos siglos de existencia, cuando ya estas asociaciones de uno y otro sexo habianse propagado por casi todas las partes del mundo y ganandose con justicia la admiración y estima de todos.
Porque nadie ignora que los hijos y seguidores de San Vicente de Paul están siempre prontos para socorrer a todos los necesitados, permanecen constantes en los hospitales al lado de los enfermos y entienden en -visitar las cárceles, enseñar en las escuelas y hasta se encuentran entre las armas de los que luchan en batalla y todo para llevar al pobre duplicado socorro puesto que al atender a las necesidades del cuerpo no olvidan la salud de las almas. Por esto los Romanos Pontífices nuestros predecesores honraron siempre y amaron con especial predilección las Congregaciones de S. Vicente como también las cofradías y demás asociaciones de caridad, que, aunque no lleven su nombre, reconocen al Santo como autor.

Y Nos, siguiendo sus huellas, para que todas estas asociaciones se revistan de más fervor y vivan del espíritu de su autor y fundador, pidiéndolo los obispos principalmente de Francia. declaramos e instituimos a S. Vicente de Paul “Patrón” celestial de dichas sociedades existentes en Francia. Cuyo decreto lo hicimos extensivo el año pasado a las diócesis de Irlanda para satisfacer así los piadosos deseos do sus venerables Prelados. Y ahora nuevamente la mayor parte de los eminentísimos Cardenales de la Santa Iglesia de Roma, los obispos de casi todas las partes del mundo y los superiores generales de las órdenes regulares nos elevaron preces pidiendo que extendiésemos dicho decreto a todas las partes del orbe católico donde haya asociaciones y obras de esta clase.

Nos, habiendo oído el parecer de los cardenales de la Sagrada Congregación de Ritos de la Santa Iglesia de Roma, liemos juzgado debíamos acceder benignamente a estas piadosas súplicas.
Por esto deseando con ansia contribuir al bien de la Iglesia universal, aumentar la gloria de Dios y suscitar un nuevo movimiento de celo de caridad en los corazones de lodos, en virtud de Nuestra Autoridad apostólica, por estas Letras, declaramos é instituimos a S. Vicente de Paúl «Patrón» especial para con Dios de todas las asociaciones de caridad, que existan en todo el orbe católico y que de algún modo traigan su origen del Santo.

Disponiendo que las presentes Letras si tengan y deban tenerse en adelante por firmes, válidas y eficaces y que produzcan y obtengan todos sus plenos e íntegros efectos y sufraguen plenísimamente a aquellos a quienes pertenece o pertenecer pudiere. Sin que obsten las constituciones ni decretos apostólicos ni cualesquiera otras disposiciones en contrario concedidas.

Y a los trasuntos de las presentes Letras autorizados con el sello de persona constituida en dignidad eclesiástica, es nuestra voluntad se les dé en todas partes la misma fe absolutamente que se daría a las mismas presentes si se exhibiesen o manifestasen.

Dado en Roma en San Pedro bajo el sello del pescador el día 12 de mayo de 1885: y octavo de nuestro Pontificado.

S.S. LEÓN XIII

M. Cardenal Ledockowski.

Imprimir o guardar en PDF

Por P. Andrés Felipe Rojas, CM

Sacerdote Misionero de la Congregación de la Misión, Provincia de Colombia. Fundador y Director de Corazón de Paúl. Escritor de artículos de teología y espiritualidad para diversas plataformas, así como autor de novenas y guiones litúrgicos dedicados a San Vicente de Paúl, la Virgen de la Medalla Milagrosa, entre otros. Ha dedicado su misión a la evangelización a través de la música y la escritura, utilizando herramientas modernas para hacer accesible y cercana la fe.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Descubre más desde Corazón de Paúl

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo